Ser músico es un don de Dios. Hacer que los instrumentos suenen con armonía, produciendo armonías y melodías agradables al oído que animen el espíritu es una labor casi celestial. Desde el que toca un instrumento, el cantor y el que coordina el grupo, hace y realizan un servicio, un ministerio en bien de la comunidad.
En términos generales, tanto nuestros coros como los mariachis que participan en las distintas celebraciones de nuestra parroquia cumplen con el mínimo requerimiento para una buena función litúrgica. Se puede decir, sin temor a equívocos, que el trabajo realizado hasta ahora es excelente de acuerdo a los medios disponibles y las circunstancias. Todo es mejorable, pero lo que hay hasta ahora está muy bien. Hay muchas razones para la alegría y satisfacción:
Han sido varios años de camino. Pero lo andado hasta aquí es bastante bueno y es fruto del esfuerzo de muchas personas que, solidariamente, han respondido a la necesidad parroquial para mejoramiento de la liturgia y el culto que la comunidad rinde a Dios.
Como es preocupación de los presbíteros lograr una mejor participación de la comunidad y su crecimiento y formación, quiero aprovechar la ocasión de compartir los lineamientos que para las celebraciones de las bodas hay en la diócesis de San Diego, California. No son presentados para que se sigan en su totalidad sino para su consideración en las celebraciones de las bodas en nuestras parroquias del norte de California. Una liturgia de bodas que vaya más en acorde con lo que quiere la Iglesia dará mayores y mejores frutos en todos los fieles que participan.
De nuestra parte, imploramos la bendición de Dios para el ministerio que ustedes realizan, sobretodo para aquellos que, voluntariamente, a lo largo del año, dedican su esfuerzo y su tiempo a mejorar la calidad de nuestras liturgias dominicales.