
En mi corazón, Señor, se ha encendido el amor por una criatura que tú conoces y amas. Tú mismo me la haz hecho encontrar y me la has presentado. Te doy gracias por este don que me llena de alegría profunda, me hace semejante a Ti, que eres amor, y me hace comprender el valor de la vida que me has dado.
Haz que no malgaste esta riqueza que tú has puesto en mi corazón: enséñame que el amor es don y que no puede mezclarse con ningún egoísmo; que el amor es puro y que no puede quedar en ninguna bajeza; que el amor es fecundo y desde hoy debe producir un nuevo modo de vivir en los dos.
Te pido, Señor, por quien me espera y piensa en mí; por quien camina a mi lado; haznos dignos el uno del otro; que seamos ayuda y modelo. Ayúdanos en nuestra preparación al matrimonio, a su grandeza, a su responsabilidad, a fin de que desde ahora nuestras almas dominen nuestros pensamientos y los conduzcan en el amor.
El Sacramento del Matrimonio es uno de los siete dones con que Dios Padre nos muestra a todos los dones maravillosos de su amor.
Un sacramento es un acto de fe, un regalo, un don, una gracia; que exige nuestra respuesta generosa y nuestro empeño total y completo en conseguirlo. Nos sometemos al amor de Dios que es fiel y bondadoso y hace nacer en nosotros el amor para traer hijos al mundo y mantenerlos. Esta clase de compromiso, que es total y permanente, debe ser asumido con plena libertad.
"La Alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo nuestro Señor a la dignidad de Sacramento entre bautizados". (CIC, 1055, 1)
Por el sacramento del Matrimonio, Dios llama a los esposos cristianos a participar y manifestar el misterio de unión y amor fecundo de Cristo y su Iglesia. La decisión libre y espontánea de los esposos cristianos es respuesta en la Fe a esta llamada de Dios.
Nuestro pastor, el Obispo de Santa Rosa, quiere estar seguro que lo que ustedes piden a la Iglesia es lo mismo que lo que la Iglesia ofrece en relación al Sacramento del Matrimonio, que el amor que ustedes se tienen es verdadero y que ambos son libres para asumir las obligaciones del matrimonio. Él hace esto por amor a ustedes y por respeto al sacramento del matrimonio y ha pedido a los sacerdotes y diáconos que observemos los siguientes procesos de acuerdo a las leyes de la Iglesia:
El sacerdote puede necesitar permiso especial del obispo o evaluación de un psicólogo a costo de la pareja si se dan algunas de estas circunstancias:
Cada una de estas circunstancias plantean una pregunta seria sobre la conveniencia y prudencia del matrimonio por la Iglesia. Esto puede estar indicando que lo que Dios ofrece en el matrimonio y lo que ustedes piden a la Iglesia no es lo mismo. Si algunas de estas circunstancias existen alerte al sacerdote lo más pronto posible para que él pueda ayudarles.
Casarse por la Iglesia, o en el Señor, es una auténtica confesión de fe ante la comunidad cristiana reunida, que exige de los novios una madurez en la misma fe, y que necesita una adecuada preparación que se concreta hoy en la realización de un cursillo de breve duración preparado por el Párroco y un equipo de matrimonios. La línea básica de este cursillo ha de ser la de presentar el Matrimonio en la Biblia, en la doctrina de la Iglesia y en la Liturgia, y cuando sea necesario y en virtud de la Ley de suplencia, se deberán tratar otros temas complementarios que habrá que encomendar a especialistas, como pueden ser antropología sexual, psicología del amor, convivencia conyugal, aspectos jurídicos, civiles y canónicos del matrimonio, procesos de fecundidad ..., etc.
Otro aspecto que hay que tener en cuenta, prepara con la debida antelación es lo concerniente a la tramitación del expediente y la documentación necesaria que hay que aportar en el Despacho parroquial.
Antes que reservar el salón para la fiesta o imprimir las invitaciones, lo primero que debe hacer la pareja es hablar con el sacerdote y reservar la Iglesia para el día de su boda. La fecha de la boda debe ser por lo menos seis (6) meses después que la pareja contactó con el sacerdote. Esto es para asegurar que hay una adecuada deliberación relacionada a la decisión de casarse por la Iglesia y la propia preparación para la celebración del Sacramento del Matrimonio.
Otra de las razones de peso para programar con tiempo la boda se debe a la necesidad de procurar ciertos documentos que la Iglesia requiere para garantizar la celebración del matrimonio de acuerdo a las leyes civiles y eclesiásticas.
Una vez que la fecha de la boda ha sido fijada se le pide a la pareja que participen en el programa de preparación matrimonial ofrecido por la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe.
Los residentes de una parroquia que desean casarse en otra parroquia deben obtener el debido permiso. Lo mismo si viven fuera de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y van a casarse en esta comunidad, al menos la novia debe traer el permiso de su parroquia de domicilio o donde esté registrada para poder celebrar el matrimonio aquí.
Si una pareja que reside en esta diócesis desea casarse en México o en otro lugar debe coordinar con la parroquia en donde celebrará su matrimonio y puede que sea necesario completar aquí, en todo o en parte, el expediente. (Catequesis prematrimonial, amonestaciones, carta de permiso, etc...).
A veces los novios tienen un amigo o familiar sacerdote o diácono que trabaja en otra parroquia y quiere que él los case. Esto no nos libera de cumplimentar el debido expediente para la celebración matrimonial. Además, según la ley de la Iglesia, el sacerdote o diácono celebrante debe obtener el permiso o delegación para la celebración del matrimonio de uno de los sacerdotes de la parroquia.
Debe leer y regresar firmada la hoja que indica el Protocolo de Ceremonias en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe.