Breve explicación de los elementos de la Liturgia del Matrimonio

La celebración de la liturgia matrimonial en la iglesia católica tiene elementos básicos que son esenciales y necesarios: la declaración de libertad, el consentimiento, la bendición e intercambio de anillos y arras y la bendición nupcial. Además de éstos, los varios ritos matrimoniales hispanos incluyen elementos de origen antiguo, que amplían el significado de la celebración pero que se pueden prescindir de ellos, como el velo y el lazo entre otros.

En la celebración de la boda es necesario que existan testigos. Estos testigos han sido conocidos popularmente con el nombre de «padrinos de velación» o de «padrinos de la iglesia» . Se ha ido introduciendo en la comunidad una práctica que no es verdaderamente simpática y que desaconsejamos a los novios; es el uso de otros "padrinos" -que sin ser tales- tienen que proveer los distintos elementos de la ceremonia, como por ejemplo los cojines donde se arrodillan los novios o el libro y el rosario llevados por la novia. Algunas veces hasta se les pide a estos "padrinos" que corran con los gastos de la celebración. Pero es conveniente tener presente no comprometer la amistad de alguien al pedirle que sea «padrino o madrina de tal cosa» cuando aquello supone un gasto excesivo y no es más que un lujo. Es preferible tener los amigos para cosas importantes en la vida y no para pagar una hora de mariachi o limosina. Cuanto más sencillas son las cosas, más digna es la ceremonia de la boda.

Las Arras.

Antiguamente, en la celebración del al consentimiento se le llamaba el ordo arrarum, es decir el orden del contrato. Era en esta ceremonia que el hombre y la mujer hacían sus votos o sellaban el contrato entre ellos. La palabra arras quiere decir «contrato» literalmente. Durante la ceremonia, los esposos se entregaban un símbolo de matrimonio o de contrato. Este símbolo llegó a conocerse como «las arras». Aunque no se sabe con exactitud que era lo que precisamente se entregaba como símbolo de este contrato en el primer milenio, el símbolo actual es un estuche que contiene 13 monedas doradas o plateadas del tamaño o denominación más pequeña, representando una docena y un pilón como señal de prosperidad.

Se deben tener dos juegos de arras para la celebración del matrimonio: las que el novio entregará a la novia y las que la novia entregará al novio.

El Lazo.

El uso del lazo o de la mancuerna como símbolo de la unión matrimonial parece tener orígenes diversos y sumamente antiguos. En el siglo VII, San Isidoro de Sevilla utiliza una guirnalda de color blanco y púrpura llevada por la pareja sobre sus hombros. En 1560, en el Ritual de Cuenca, se prescribe que el “iugale”, el yugo, se ponga sobre los novios junto a un velo que cubra la cabeza de la novia y los hombros del novio. Esto se hace en el momento de la bendición nupcial. En la actualidad el lazo puede tomar varias formas. La más común es la de un rosario de dos guirnaldas: una guirnalda se sitúa sobre los hombros del novio mientras que la otra va sobre los de la novia dejando la cruz pendiente entre los dos. A veces el lazo es diseñado imitando una guirnalda de azahares u otras flores aromáticas.

Durante la celebración del matrimonio el lazo se colocará después que los novios han intercambiado el consentimiento y antes de la oración de los fieles. De esa manera permanecerán arrodillados hasta el momento de la paz.

El Velo.

No se trata, en modo alguno, del velo que cubre la cabeza de la novia. Era una costumbre muy antigua y tenía lugar cuando la familia o el cortejo de la novia le daba la mano de ésta al celebrante, los novios se cubrían con el palio, es decir el velo. Ella se cubría completamente, mientras que él, solamente los hombros. Al final de la oración, el celebrante entregaba la mujer al hombre, poniendo la mano de ella en la mano de él mientras recitaba la misma oración que Ragüel hiciera sobre Tobías y Sara. El uso del velo es antiguo. Por ejemplo, las novias romanas se cubrían completamente con un velo rojo, el flammeum , lo que servía de símbolo de pureza y de protección contra los malos espíritus. Esto pudo haber influido en la costumbre hispana. San Isidoro de Sevilla unió esta velación a la bendición sacerdotal. Invocó el ejemplo de Rebeca y vio en el velo una señal de sumisión. Sin embargo, la velación parece haber sido una señal no sólo de la bendición nupcial sino de la entrega de la novia al novio. La imposición del velo acontecía justamente antes de la bendición nupcial y permanecía sobre la pareja hasta terminar la Misa.

Actualmente, la novia entra al templo con un velo ya puesto. Por lo tanto, donde se acostumbra, solamente una porción del velo se coloca sobre el hombro del novio y es sostenido por el lazo.

En algunos sitios el velo traía nudos, quizá representando la unión matrimonial. En otros sitios, dos velas se encendían al momento de la velación y permanecían encendidas, una al lado de la novia, la otra al lado del novio, hasta concluir la liturgia. Por el uso del velo, a veces se le llama a la Misa nupcial en castellano la «Misa de velaciones» es decir, la Misa donde se coloca el velo. A través de los siglos, el velo adquirió un nuevo sentido; en vez de ser señal de la bendición y entrega matrimonial se convirtió en señal de virginidad.

La Entrega de la Novia al Novio.

La costumbre de entregar a la novia puede tener su origen en la antigua práctica cuando el sacerdote que presidía la celebración le daba la mano de la novia al novio después de la bendición nupcial. Esta «entrega» era un rasgo único de los antiguos ritos matrimoniales visigodos. Hoy en día en vez de tener lugar al final de la Misa, ocurre al inicio, y en vez de que sea el que preside quien «entrega a la novia», lo hace el padre de ella. Aunque ya no está en uso el recitar la «oración de Raquel», en la hora de la entrega, en algunas regiones se acostumbra un diálogo breve entre el padre y el novio.

Relacionado con esta práctica está la costumbre de pedir la mano de la novia. El novio va a la casa de los padres de la novia, normalmente con un representante, y les pide permiso para casarse con ella. Ésta es una formalidad y marca el inicio del plazo formal del compromiso. De vez en cuando se le pide al sacerdote que represente al futuro esposo frente a los padres de la novia para hacer este gesto aún más formal.

Libro y Rosario, los Cojines y la Bendición de los Papás.

El libro y el rosario simbolizan la oración como elemento necesario para que el matrimonio sea feliz y santo. Los cojines también podrían ser reminiscencias de las esteras utilizadas en las ceremonias matrimoniales meso-americanas. En cuanto a impartir la bendición por parte de los padres, es un gesto bien documentado en las sagradas escrituras y ha sido una práctica antigua en muchas culturas.

Los Padrinos.

Los padrinos constituyen un elemento principal en la liturgia matrimonial. Hablar de padrinos es hablar de parentesco ritual. La función social del padrinazgo está muy relacionada con su sentido religioso. Los padrinos rituales son mediadores de la gracia divina a otros al ser instrumentos de la Iglesia en la administración de los sacramentos.

Los padrinos son de suma importancia para los hispanos ya que representan la gracia y las bendiciones de Dios. De hecho, se convierten en miembros íntegros de la familia y gozan de un lugar respetuoso en ella. Al igual que las responsabilidades de cualquier padre, el padrino se compromete a cumplir ciertas obligaciones con el ahijado o la ahijada. Ser padrino o madrina se considera un gran honor.

Las Flores y Otros Símbolos.

Uno de los fines del matrimonio ha sido el de establecer relaciones de mutuo beneficio tanto para las familias como para otras personas relacionadas con la pareja misma. Otro fin es el de crear parentesco para que la familia continúe existiendo y funcionando como el cimiento principal de la sociedad. Es a través de la familia que una sociedad puede transmitir sus valores y perpetuarse. Es más, por lo general la sociedad le provee al matrimonio normas para regular la procreación. Por eso un aspecto esencial del matrimonio es la fertilidad de la pareja. La doctrina de la Iglesia ve la procreación como uno de los fines principales del sacramento del matrimonio.

Otro fin del sacramento, según la doctrina de la iglesia, es que el matrimonio también existe para el bien de los esposos mismos es decir para su desarrollo personal y espiritual como criaturas de Dios. Cuando la pareja no pueda procrear por alguna razón, la fertilidad que se espera de cualquier matrimonio se realiza en el amor que da fruto mediante el servicio a la Iglesia y a la sociedad. Aun cuando la pareja no pueda tener hijos, la fertilidad no está limitada al aspecto biológico de la relación sexual sino también a otros aspectos. Todo matrimonio cristiano debe generar nueva vida por su servicio a la Iglesia, a los necesitados, o en el ámbito cívico. Todo amor auténtico genera nueva vida ya sea en hijos, en caridad, hospitalidad o sacrificio. Un matrimonio que tenga estos frutos es fértil. Se desborda de sus límites para crear una nueva realidad fuera de sí, el amor de los esposos, tal como el amor de Dios, crea algo más allá de sí mismos.

El rito del matrimonio puede incluir aspectos tanto religiosos como profanos. Uno de los símbolos más antiguos en la celebración del matrimonio es la flor. Quinientos años antes de Cristo, las novias en lo que hoy en día es Siria, llevaban azahares para asegurarse que el matrimonio fuera fértil. En Roma y Grecia las novias llevaban ramitos de trigo y coronas de acebo. Ya para el siglo XVIII de la era cristiana, las novias en la cultura occidental utilizaban las flores en forma de guirnaldas, de coronas, o de ramos.

Aunque la flor ha llevado esta simbología de fertilidad, para muchos hispanos, también ha llevado la simbología de la virginidad. De ahí la costumbre de ofrecerle a la Virgen un ramo de flores; parece que es tanto una identificación con su virginidad como con su papel de madre.

Se han utilizado otras cosas para simbolizar la perpetuación biológica y cultural de la sociedad en el matrimonio, por ejemplo el arroz y las almendras. En Europa la tradición de tirar grano procede de la Edad Media, se les arrojaba a los novios semilla, o bien de maíz o de cereales acompañados de aclamaciones de «¡Plenitud! ¡Plenitud!» Hasta hoy en día arrojar arroz simboliza fertilidad y buena suerte. Las peladillas, o sea, dulces con almendras adentro, distribuidas en las bodas proceden de Italia y también simbolizan la fertilidad.

Otro rito de fertilidad que se ha practicado por siglos ha sido el partir el pastel de bodas. Ya 300 años antes de Cristo los novios griegos se comían una torta hecha con semillas de ajonjolí que simbolizaba la fecundidad del matrimonio.