A la hora convenida, el sacerdote, revestido de alba, estola y casulla del color de la Misa que se celebra, se dirige, junto con los ayudantes, a la puerta de la iglesia, recibe a la novia y sus acompañantes, los saluda afablemente, haciéndoles saber que la Iglesia comparte su alegría. Mientras tanto, el novio, acompañado de sus padres, desde la sacristía se dirige al centro de la Iglesia para esperar a la novia.
Luego se hace la procesión hacia el altar: preceden los ayudantes, sigue el sacerdote, después los que acompañan a la novia, y finalmente la novia, del brazo de quien la va a entregar. Mientras, se entona el canto de entrada o se toca festivamente el órgano u otro instrumento. Al llegar al final del pasillo, todo van haciendo una reverencia y se dirigen a sus respectivas bancas en donde permanecen de pie.
Si los novios piensan utilizar las «velas de la unidad», existen varias opciones: que las madres de ambos novios lleven ya encendidas las velas desde el inicio de la procesión o las enciendan del cirio pascual o que ellos mismos lo hagan.
Sobre el lugar preparado para los novios, conviene tener en cuenta, a ser posible, que queden situados de tal modo que no den la espalda a la asamblea. El sacerdote se acerca al altar, lo saluda con una inclinación profunda y lo venera con un beso. Después va a la sede. Luego saluda brevemente a los novios y a los presentes, para disponerlos a la celebración del Matrimonio, con estas palabras u otras semejantes:
Queridos hermanos:
Llenos de alegría, hemos venido a la casa del Señor para esta celebración, acompañando a N. y N. en el día en que se disponen a celebrar su unión matrimonial. Para ellos este momento es de singular importancia. Por ello, acompañémoslos con nuestro cariño, amistad y oración fraterna. Escuchemos atentamente con ellos la Palabra que Dios nos va a dirigir hoy. Después, con la santa Iglesia, invocaremos a Dios Padre, por Jesucristo, nuestro Señor, para que acoja complacido a estos hijos suyos que van a contraer Matrimonio, los bendiga y les conceda vivir en unidad permanente.
Se omite el acto penitencial y por tanto no se canta el Señor ten piedad. Se canta el Gloria si lo aconseja la liturgia del día y después se dice la oración colecta.
El rito de entrada concluye con la oración «colecta».
Oremos.
Oh Dios, que llenas con tu bendición todo lo que es bueno; bendice a estos hijos tuyos que hoy unen sus vidas en santo Matrimonio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. R. Amén.
Lecturas sugeridas:
Jeremías 29, 5-7
Salmo 127 (128).
I Corintios 7, 10-14.
Juan 2, 1-11
Después de la lectura del Evangelio, el sacerdote, en la homilía, explica, partiendo del texto sagrado, el misterio del Matrimonio cristiano, la dignidad del amor conyugal, la gracia del sacramento y las obligaciones de los cónyuges, atendiendo, sin embargo, a las diversas circunstancias de las personas.
Cuando se celebran dos o más Matrimonios a la vez, el interrogatorio antes del consentimiento, el mismo consentimiento, como también la aceptación del consentimiento. se harán siempre en singular para cada Matrimonio; lo demás, sin excluir la misma bendición nupcial, se dirá una sola vez en plural para todos.
Puestos en pie todos, incluso los novios, y situados los testigos a uno y otro lado, el sacerdote se dirige a los novios y los interroga acerca de la libertad, la fidelidad y la aceptación de la prole y cada uno de ellos responde.
Sacerdote: Conviene que los contrayentes manifiesten públicamente, ante el ministro de la iglesia y la comunidad cristiana ahora reunida, su determinación: ¿Declaran que proceden libre y espontáneamente a la celebración de este Matrimonio, sin que nada ni nadie los obligue?
Los esposos: Lo declaramos.
Sacerdote: ¿Prometen guardarse mutua fidelidad y permanecer unidos hasta que la muerte les separe?
Los esposos: Lo prometemos.
Sacerdote: ¿Prometen cumplir sus deberes matrimoniales y familiares como corresponde a esposos cristianos?
Los esposos: Lo prometemos.
El sacerdote los invita a expresar el consentimiento:
Ahora, pues, N. y N. contraigan Matrimonio ante la santa Madre Iglesia, representada por todos los que estamos aquí reunidos.
Sacerdote: (a la esposa) N., ¿quieres a N. por tu esposo y marido?
La esposa: Sí, lo quiero.
Sacerdote: ¿Te entregas por su esposa y mujer?
La esposa: Sí, me entrego.
Sacerdote: ¿Lo recibes por tu esposo y marido?
La esposa: Sí, lo recibo.
Sacerdote:(al esposo) N., ¿quieres a N. por tu esposa y mujer?
El esposo: Sí, la quiero.
Sacerdote: ¿Te entregas por su esposo y marido?
El esposo: Sí, me entrego.
Sacerdote: ¿La recibes por tu esposa y mujer?
El esposo: Sí, la recibo.
Luego el sacerdote que recibe el consentimiento dice a los esposos:
Pues yo, en nombre de la santa Madre Iglesia, reconozco y confirmo este Matrimonio que ustedes han celebrado. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, X Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre la unión de ustedes.
R. Amén.
Luego el sacerdote que recibe el consentimiento dice:
Y a ustedes aquí presentes, les tomo como testigos de la unión sagrada entre estos dos esposos. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
R. Amen. Amen. Amen.
Los anillos se presentan en una bandeja cubierta de un paño blanco junto con los dos juegos de arras. El sacerdote dice:
Señor Dios omnipotente, que ordenaste a Abraham tu siervo destinar las arras para Isaac y Rebeca, como señal de santo Matrimonio, y así, por la mutua entrega, representada en los dones, creciera el número de los hijos: Te suplicamos que santifiques a tus siervos N. y N. por la ofrenda común de estas arras y que los bendigas amorosamente a ellos con sus dones; para que así, protegidos con tu bendición, apoyados y unidos por el yugo del amor, se alegren de estar siempre entre tus fieles servidores.
R. Amen.
A continuación el sacerdote, extendiendo sus manos sobre los esposos, los bendice, diciendo:
El Señor les llene de la dulzura de su temor y les fecunde con el germen de la santidad.
R. Amén.
Que sus vidas exhalen la fragancia y la pureza de las buenas obras para que sus corazones se eleven siempre al cielo.
R. Amén.
Conserven con el favor divino las arras que uno a otro se van a ofrecer para que, más estrechamente unidos de corazón por esta prenda, tengan una descendencia siempre virtuosa.
R. Amén.
Después el sacerdote toma, de la bandeja, el anillo de la esposa y lo entrega al esposo, diciendo:
Pon este anillo a tu esposa, como señal de fidelidad y amor.
El esposo pone el anillo a su esposa en el dedo anular de la mano izquierda, y el sacerdote bendice la acción, diciendo:
En el nombre del Padre X y del Hijo y del Espíritu Santo.
La esposa responde:
Amén.
A continuación el sacerdote toma el anillo del esposo y lo entrega a la esposa, diciendo:
Pon este anillo a tu esposo, como señal de fidelidad y amor.
La esposa pone el anillo a su esposo en el dedo anular de la mano izquierda y el sacerdote bendice la acción, diciendo:
En el nombre del Padre X y del Hijo y del Espíritu Santo.
El esposo responde:
Amén.
Después el esposo toma las arras de la bandeja y las entrega a su esposa, la cual las recibe con las dos manos abiertas debajo de las de su esposo. Mientras tanto el esposo dice:
N., estas arras te doy en señal de Matrimonio.
La esposa responde:
Yo las recibo.
Después la esposa toma las arras de la bandeja y las entrega a su esposo, el cual las recibe con las dos manos abiertas debajo de las de su esposa. Mientras tanto la esposa dice:
N., estas arras te doy en señal de Matrimonio.
El esposo responde:
Yo las recibo.
En este momento se acercan al altar los otros testigos o padrinos del matrimonio con los demás elementos simbólicos del matrimonio. El sacerdote o diácono los bendice con parecidas o semejantes palabras:
Dios Padre de todos, que nos muestras tu amor y grandiosidad siendo generoso con tus hijos, bendice X estos dones que son presentados a los nuevos esposos para que vivan siempre en tu santidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
N. y N., reciban el libro (Biblia) y el rosario, signos de la oración y presencia de vida cristiana en la familia. Así como acudimos a Dios en los momentos de necesidad no podemos olvidar nuestra alabanza en la acción de gracias. Recuerden siempre el lema que nos heredaron nuestros mayores: “Familia que reza unida, permanece unida”.
N. y N., que el unirlos con este vínculo, [el rosario de la bienaventurada siempre Virgen María,] sea una inspiración para los dos. Recuerden que la santidad necesaria para preservar esta nueva familia, como familia de Dios, sólo se obtiene por medio del mutuo sacrificio y amor. Que la sagrada familia de Jesús, María y José sea su ejemplo durante toda su vida.
Oremos a Dios Padre, de quien procede toda paternidad, para que bendiga el amor de estos nuevos esposos y llene con sus dones a toda la familia humana.
Por la santa Iglesia: para que difunda en todas las familias el fermento del Evangelio. Roguemos al Señor.
Por todas las naciones y sus habitantes: para que la paz de Cristo se extienda a toda la familia humana, y los gobernantes sepan subordinar sus ambiciones particulares al bienestar de todos. Roguemos al Señor
Por cuantos carecen de alimentos, de justicia o de amor; por cuantos padecen a causa de las discordias familiares: para que el Señor sea su fuerza en la tribulación. Roguemos al Señor.
Para que la unión de estos esposos sea ante los hombres un signo vivo del amor de Cristo hacia su iglesia. Roguemos al Señor
La siguiente petición se puede omitir si las circunstancias lo aconsejan, por ejemplo, si los esposos son de edad avanzada:
Para que su amor se vea enriquecido con una descendencia feliz. Roguemos al Señor.
Para que todos los Matrimonios, en el amor mutuo y en la fidelidad constante, sean en nuestra sociedad fermento de paz y unidad. Roguemos al Señor.
Oh Dios, que desde el principio santificaste la unión matrimonial: toma bajo tu protección a estos nuevos esposos y concédeles tu gracia para que vivan siempre unidos en la caridad, y al término de esta vida lleguen, [juntamente con sus hijos], al gozo de la felicidad eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
Después se dice el Credo, si las rúbricas lo prescriben.
En la preparación de los dones, el esposo y la esposa pueden llevar el pan y el vino al altar, según la oportunidad.
Cuando puede celebrarse la Misa ritual se emplea la siguiente oración, u otra de las propuestas para esta Misa.
Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe estas ofrendas que te presentamos por estos hijos tuyos, unidos en alianza santa, para que su amor se fortalezca con el tuyo en esta celebración. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
En la Misa ritual se emplea uno de los prefacios propios. En la Plegaria eucarística se hace conmemoración de los nuevos esposos, empleando la fórmula propuesta.
Después del Padre nuestro, omitido el Líbranos Señor, se pone el velo de color blanco y rojo sobre la cabeza de la esposa y los hombros del esposo, simbolizando el vínculo que los une. Los llamados “Padrinos de Velación” en este momento, además de lo anterior, sostienen en sus manos las velas que los esposos encendieron del Cirio Pascual al inicio de la misa. Mientras la oración de bendición nupcial es pronunciada.
A continuación el sacerdote pronuncia sobre ellos la Bendición nupcial, diciendo:
Queridos hermanos:
Invoquemos a Dios que se ha dignado conceder su bendición para multiplicar la descendencia del género humano.
Que él proteja a estos siervos suyos N. y N. que ha llamado a la unión conyugal. Les otorgue sentimientos de paz, un mismo corazón y costumbres selladas por el mutuo amor.
Tengan también, por regalo de Dios, la familia deseada, a ella también alcance esta bendición.
Así N. y N., en humildad de corazón, puedan servir a quien bien saben es su Creador.
R. Amén.
Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre los esposos, continúa:
Oh Dios, que para propagar la familia humana, ya en los orígenes mismos del mundo modelaste a la mujer del costado de Adán, e insinuando la unidad del amor más puro, hiciste de uno dos, para mostrar que los dos son uno.
Has puesto los primeros cimientos del Matrimonio de tal modo que el varón abraza en su esposa una parte de su propio cuerpo, y no puede pensar que le es extraño lo que sabe formado de sí mismo. Míranos propicio desde tu trono del cielo y atiende con benevolencia nuestras plegarias: A estos hijos tuyos, a quienes mediante esta bendición unimos con el vínculo del Matrimonio, santifícalos con la gracia del Espíritu Santo y acompáñalos benignamente con tu amorosa protección.
R. Amén.
Concédeles, Señor mutua armonía de espíritu en tu santo temor, y semejante bondad de costumbres en el amor del uno al otro.
R. Amén.
Que se amen, Señor; y que nunca se aparten de ti.
R. Amén.
Que mutuamente se entreguen el debido amor del cuerpo y del corazón y que nunca te ofendan al consumar su amor.
R. Amén.
Que nunca se desvíen de tus caminos, sino que te agraden siempre guardándose entera fidelidad.
R. Amén.
Dales, Señor, en abundancia los bienes presentes, y una santa y generosa descendencia.
R. Amén.
Que la dulzura de tu bendición inunde su cuerpo y su espíritu de tal modo que el fruto de su unión sea del agrado de todos y bendecido por ti.
R. Amén.
Dales, Señor, una larga y feliz vida en el presente, y un constante deseo de la vida eterna que les aguarda.
R. Amén.
Dispongan de tal modo los asuntos temporales, que felizmente deseen los bienes eternos.
R. Amén.
Sepan amar los bienes transitorios de forma que no pierdan los que duran para siempre.
R. Amén.
Y así, amándose de verdad, y sirviéndote a ti, Señor; sinceramente, vean los hijos de sus hijos, y después de una larga vida en la tierra, lleguen, por fin, al reino de los cielos.
R. Amén.
Terminada la Bendición nupcial los “Padrinos de Velación” entregan las velas encendidas a los novios. se quita el velo que cubre la cabeza de la esposa y los hombros del esposo; quitan también el lazo o mancuerna que los une para que ellos puedan caminar. Ellos se levantan y mientras suena una melodía o canto, caminan a encender la vela grande, dejando en su sitio las otras dos velas apagadas. Y prosigue la celebración.
A continuación, después que los novios regresan a su lugar, omitiendo la oración Señor Jesucristo, se dice La paz del Señor.
S. La paz del Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
S. Intercambiemos ahora el signo de la paz.
Entonces los esposos y todos se intercambian una señal de paz y de caridad.
Se continúa la misa como de costumbre con el canto del Cordero de Dios. Los esposos y sus padres, los testigos y los parientes pueden recibir la comunión bajo las dos especies.
Cuando se puede celebrar la Misa ritual se emplea la siguiente oración, u otra de las propuestas para esta Misa.
Oremos.
Te pedimos, Dios todopoderoso, que aumente en estos hijos tuyos la gracia del sacramento recibido, y los frutos de esta celebración lleguen a todos nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
Al terminar la comunión, cuando ya todos han regresado a sus asientos, la pareja se levanta y camina a presentar el ramo de flores a la Virgen María. Ante su altar, oran por unos momentos, agradeciendo a Dios los bienes recibidos y pidiendo a María su constante ayuda en la nueva vida que ellos ahora inician.
Al final de la Misa el sacerdote bendice a los esposos y al pueblo, diciendo:
S. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Inclinen la cabeza para recibir la bendición.
El Señor les bendiga por nuestra plegaria y una sus corazones con la atadura indisoluble del amor sincero.
R. Amén.
Que florezcan por la abundancia de los bienes presentes, fructifiquen dignamente en sus hijos, y siempre se alegren con los amigos.
R. Amén.
Que les conceda el Señor dones imperecederos, [dé a sus padres largos años de felicidad,] y a todos, el gozo que no tiene fin.
R. Amén.
Y a ustedes, cuantos están aquí presentes, les bendiga Dios todopoderoso, Padre, X Hijo y Espíritu Santo.
R. Amén.
Terminada la Misa, el sacerdote se acerca a los esposos, les índica que se den la mano derecha, y dice al esposo:
Compañera te doy, y no sierva:
ámala como Cristo ama a su Iglesia.
A continuación despide a los presentes, diciendo:
Hermanos: en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, vayamos en paz.
Todos responden: Demos gracias a Dios.
Terminada la Misa, los testigos y el sacerdote firman el acta de Matrimonio. El acto de firmar puede hacerse en la sacristía o en presencia del pueblo; pero no debe hacerse sobre el altar.